vconuepan Noviembre 22, 2014 Sin Comentarios

Muchas veces hemos escuchado de Nueva Zelanda y sus políticas indígenas, tanto así que muchos la postulan como el modelo que podría solucionar el Conflicto en la Araucania. Pero, ¿cuánto sabemos realmente del Pueblo Maorí?

En 1840, británicos y maoríes firmaron el Tratado de Waitangi por el cual se concedía el derecho de gobierno a los británicos y se prometía que los maoríes mantendrían la soberanía sobre sus tierras y otros recursos.[1]

El Tratado consta de tres artículos: 1) los maorí ceden la soberanía a la corona británica; 2) los maorí dan a la corona underecho exclusivo para comprar tierras que desearan vender y a cambio, se les garantizaría todos su derechos de propiedad en sus tierras, bosques, la pesca y otras posesiones; 3) además adquieren los mismos derechos y privilegios de los súbditos británicos.

Debido a las múltiples violaciones del Tratado, en 1975 se creó el Tribunal de Waitangi, siendo facultad exclusiva del determinar el sentido del tratado e investigar sus violaciones.

Cualquier maorí puede presentar una reclamación a este Tribunal, que son investigadas hasta que se complete un libro de casos de prueba, en las audiencias la corona y los demandantes dan evidencia y luego el Tribunal dicta un informe sobre si las reclamaciones están fundadas. El informe sirve de base para negociar el acuerdo y todas las reclamaciones existentes o potenciales realizadas por ese grupo se liquidan.

El Tratado de Waitangi tiene su símil en el Tratado de Tapihue de 1825, suscrito entre el Longko Francisco Mariluan y el Coronel Pedro Barnachea en representación del Director Supremo Ramón Freire.

En su articulo 19º indica:

Haciendo memoria de los robos escandalosos que antiguamente se hacían a una y otra parte, queda desde luego establecido, que el chileno que pase a robar a la tierra, y sea aprendido, será castigado por el Cacique bajo cuyo poder cayere; así como lo será con arreglo a las leyes del país el natural que se pillase en robos de este lado del Bio Bio, que es la línea divisoria de estos nuevos aliados hermanos”.

En este articulo se reconoce tácitamente la autonomía territorial mapuche, ya que separa dos espacios territoriales denominados “el país” y “la tierra” donde ejercen jurisdicción las autoridades chilenas y mapuches respectivamente[2].

Esto produce un doble efecto, por una parte los mapuche reconocen que al norte del Bio Bio se ha constituido un nuevo Estado Nacional, del que ellos no forman parte, y que los españoles han sido derrotados. Por otro lado, el Estado Chileno reconoce a los mapuche su plena integridad territorial, incluso allende los Andes[3].

El Diputado Miguel Luis Amunátegui decía en 1865:

…Los mapuche son un pueblo sometido, un pueblo que se ha obligado a respetarnos y que nosotros nos hemos obligado a proteger.

Esta relación ha sido establecida por una larga serie de convenios solemnes que traen su origen desde la época colonial, y que son conocidos en nuestra historia con la denominación de Parlamentos.

Los varios parlamentos que desde siglos vienen fijando nuestras relaciones con los araucanos, contienen sólo disposiciones generales, de carácter poco preciso. Sin embargo, el espíritu de ellos ha sido siempre que los españoles o cristianos debían respetar las propiedades de los indígenas, cualquiera que fuese la manera especial como las hubiesen constituido[4]

Es justamente, este espíritu el que tenia la Ley de 4 de diciembre de 1866:

El Estado reconoció plenamente la propiedad privada de los mapuche, si bien es cierto que la moción de Cornelio Saavedra hablaba de expropiación, esta postura fue rechazada tanto por la Comisión de Gobierno como por la mayoría del Congreso por inconstitucional ya que violaba los derechos de propiedad de los mapuche.[5]

Si genuinamente queremos avanzar, debemos principiar por reconocer la historia muchas veces vilipendiada en son del Estado o el Mercado. Creando un mecanismo participativo que se encargue de estudiar la verdad histórica de la constitución de la propiedad en el Wallmapu, dilucidando responsables y consensuando eventuales mecanismos de reparación.

El embajador de Nueva Zelanda, John Copper, dice: “Muchas personas en Chile me preguntan sobre la convivencia cultural en Nueva Zelanda como si fuera un proceso terminado y exitoso. No es así. La perfección no existe, y esta es la realidad en cuanto a la situación del país. Este es un proceso sin fin, como todos en nuestras sociedades y democracias”.[6]

 Venancio Coñuepan Mesias | @vconuepan
Director Ejecutivo
Fundación Chile Intercultural

Foto: David Cortés Serey/AgenciaUno


[1] IWGIA, Grupo Internacional de Trabajo Sobre Asuntos Indígenas. El Mundo Indígena 2014. Copenhague, Dinamarca. Pág. 244

[2] COÑUEPAN, Venancio. Tesis: Historia de la ley de 4 de diciembre de 1866. Universidad Católica de Temuco. 2014. Pág. 6

[3] CORREA, Martin. La reforma agraria y las tierras mapuche: Chile 1962-1975. LOM Ediciones. Santiago de Chile. 2005. Pág. 18

[4] Sesión Ordinaria Nº 9 de la Cámara de Diputados, de 1865. Pág. 90

[5] COÑUEPAN, Venancio. Tesis: Historia de la ley de 4 de diciembre de 1866. Universidad Católica de Temuco. 2014. Pág. 31

[6] Fundación Chile 21. Seminario sobre demandas indígenas: Vilcun, necesario punto de inflexión, hacia un nuevo trato. Santiago de Chile. Enero, 2013.

Fuente: Chile B