vconuepan Noviembre 22, 2014 Sin Comentarios

El asesinato al matrimonio Luchsinger—Mackay marco un antes y un después en el Conflicto en la Araucania, no porque su vida valiera más que la de Lemun, Catrileo, Mendoza Collio o Melinao. Sino porque dejó de manifiesto la soterrada vergüenza que siente Chile de sus orígenes y la imperiosa necesidad de cambiar el rumbo de las relaciones entre los Pueblos Indígenas, la Sociedad Chilena y el Estado.

En el mundo existen tan sólo 184 países, pero mas de 600 grupos de lenguas y más de 5000 grupos étnicos, la multiculturalidad es un tema central en las sociedades del futuro.

Es un hecho que cada vez tenemos menos homogeneidad cultural. No se trata de prescindir del Estado ni de formar nuevos Estados, sino de entender que el prejuicio homogeneizador no es congruente con Chile ni con las sociedades del futuro, que quiéranlo o no, es de hecho multicultural.

La respuesta a esto no puede ser otra que la apertura institucional al multiculturalismo, sólo esto permitirá la creación de un país donde las culturas, las razas, los credos y tradiciones diferentes, puedan coexistir en paz gracias a la cultura de la libertad, en el que las fronteras hayan dejado de serlo y se hayan vuelto puentes, que los hombres y mujeres podrán cruzar y descruzar en pos de sus anhelos y sin mas obstáculos que su soberana voluntad.

La condición inicial para construir un Chile Intercultural, es aceptar que somos pueblos con idiomas, culturas, religiones, economías, historias y hasta héroes distintos. Debemos erradicar la quimera del “buen salvaje”, de que es una cuestión marginal de pobreza o violencia, de que es una cuestión sin importancia “del sur”.

Solo un genuino y verdadero dialogo intercultural será el principio de una búsqueda de paz y armonía duradera, pero éste no debe implicar la subordinación de una cultura a otra, ni mucho menos encasillar una cultura bajo los ojos de la otra.  Por el contrario, implica el fortalecimiento de la identidad, cultura, historia, memoria y organización de nuestros pueblos diversos como un valor fundamental, construyendo así una relación basada en el respeto a nuestra diversidad. No se trata de imponer un modelo cultural, sino de permitir que las personas en el ejercicio de su libertad puedan elegir de qué forma quieren vivir.

Desde la perspectiva indígena debemos repensar y fortalecer nuestra cosmovisión. Esto se debe expresar por la recuperación de nuestra autoestima, el orgullo y la dignidad del ser indígena, estas son cuestiones centrales en el ejercicio de la interculturalidad. Esta reconstrucción también pasa por dejar de lado nuestro egoísmo político, dejar las divisiones artificiales entre mapuche buenos y malos, entre mapuche de izquierda o derecha, entre mapuche rurales o urbanos, entre mapuche autonomistas o integracionistas, todos -quiéranlo o no- somos parte del Pueblo Mapuche. La historia nos juzgara no por nuestras posiciones personales, sino por la contribución que realicemos a nuestro Pueblo.

Por otro lado, los Gobiernos y la clase política deben dejar los banales cálculos electorales, abandonar sus manjares ideológicos que sólo entrampan eventuales consensos en pos de alcanzar la tan anhelada paz socia, no se trata de lo que ellos creen, sino de lo que el país necesita. La demagogia generalizada sólo ha provocado el caldo de cultivo perfecto para que grupos radicales asuman y justifiquen la violencia como un mecanismo valido para sus intereses.

Las políticas publicas deben tener un enfoque intercultural, donde todos los actores tengan la posibilidad de participar y ser escuchados sin discriminaciones mezquinas por cuadros político partidarios, solo así construiremos políticas publicas duraderas. Por supuesto que se necesitan cambios institucionales como el Reconocimiento Constitucional, un Ministerio Indigena, la creación de un Consejo de Pueblos Indígenas, una reforma a la ley indigena, una revisión de los mecanismos de restitución de tierras, a la CONADI, una ley de cuotas, el fortalecimiento de la educación intercultural, la co oficialización de los idiomas indígenas, etc. Pero estas solo tendrán sentido si las diseñamos con el interés de construir una relación intercultural y no por el solo hecho de cumplir.

Esta es una responsabilidad que no compete solo a los indígenas, sino que a todo el país. Solo así avanzaremos en la construcción de una Democracia Intercultural donde todos tengamos un espacio.

Venancio Coñuepan Mesias | @vconuepan
Director Ejecutivo
Fundación Chile Intercultural

Foto: Hans Scott/AgenciaUno

Fuente: Chile B