vconuepan Junio 10, 2015 Sin Comentarios

¿Cuál fue la motivación para realizar este estudio?

La Fundación Chile Intercultural nació de la convicción de que debíamos hacernos cargos de la cuestión indígena, en especial del conflicto de La Araucanía antes de que la violencia llegase a un punto sin retorno. Uno de los principales problemas es la complejidad de llegar a un diagnóstico común y la comprensión misma de los orígenes del conflicto. Actualmente existe un barómetro del conflicto elaborado por la Multigremial de la Araucanía, sin embargo, ellos lo entienden sólo como las denuncias ante Carabineros o las fiscalías, e incluso son sólo denuncias que hace un sector de los intervinientes en el conflicto, razón por la cual el concepto “Conflicto Mapuche” resulta limitado y equívoco, propiciando prejuicios que no permiten un entendimiento.

¿En qué consiste?

Es un producto que elaboramos mensualmente. Para esto hacemos una base de datos especializada, donde registramos todos los focos de conflictos en La Araucanía -no tan sólo los de connotación indígena-, ya que lo que existe ahí es un conflicto étnico, es decir, una confrontación social y política donde interviene tanto la sociedad mapuche, la sociedad chilena y el Estado, cada uno con responsabilidades compartidas.

¿Qué factores inciden?

El conflicto originó en la expropiación masiva que hizo el Estado entre 1866 y 1927, período llamado radicación, en donde por un lado los parlamentarios liberales de 1866 reconocían que los mapuche eran propietarios de sus tierras y había que reconocerles un título de dominio. Sin embargo, esta visión fue olvidada luego de la ocupación militar entre 1881 y 1883. Esa acción, que no ha sido reconocida por ningún gobierno, fue el origen del conflicto. Después, se agregaron la asimilación cultural, el clientelismo político, la destrucción de las organizaciones sociales internas dando paso a nuevas estructuras como comunidades, una política de tierras que no apunta al fondo del conflicto, los sobreprecios y corrupción en Conadi, y una violencia desmedida.

¿Cuáles son los focos conflictivos?

El más preocupante es el de Conadi, en especial en su política de tierras. La lentitud en la respuesta provoca que muchas comunidades se tomen predios con el objeto de que se pronuncie o no les compre tierras a comunidades de otros sectores. Además, existe poca transparencia en las tasaciones, en los montos que se pagan, generando un manto de dudas transversal y una inflación con respecto al precio de los predios.

¿Cuáles han sido las conclusiones a raíz de esta medición?

Hay tres cuestiones relevantes. Primero, de los 203 focos de conflictos registrados hasta mayo, la mayoría son acciones político / públicas. Estas son pugnas entre distintas facciones, sean políticas, grupos gremiales, comunidades indígenas, organizaciones o líderes indígenas o no indígenas que tienen por fin plantear una criticar social. En segundo lugar, llama la atención el escaso cumplimiento de los acuerdos, predominando la demagogia, lo que aumenta la desconfianza y algunos la utilizan para justificar actos de violencia. En tercer lugar, que los conflictos están focalizados en Temuco, Padre Las Casas y en Freire. Es cierto que en Ercilla o Collipulli ocurren los hechos más violentos, pero son una minoría dentro del conflicto.

¿Cómo se puede llegar a un acuerdo?

No existe ninguna receta mágica para resolver los conflictos sociales, sin embargo, cualquier camino de negociación de buena fe pasa por reconocer en primer lugar lo que ocurrió entre 1866 y 1927. No basta que el intendente Huenchumilla pida perdón, ese perdón debe pedirlo la Presidenta. El Estado se ha lavado las manos dejando esto como un conflicto entre privados, entre mapuche y colonos, una perversa lucha de “clases” generada por el Estado, el que nunca ha asumido su responsabilidad. El día que dejemos de tratarnos de terroristas y usurpadores, y nos sentemos en una mesa a conversar el conflicto que nos afecta a todos por igual, recién avanzaremos algo.

Fuente: La Tercera