vconuepan Marzo 12, 2017 Sin Comentarios

La historia es conocida. Ha sido repetida una y otra vez desde los noventa.

En el primer acto, el caudillo realiza falsas promesas que son populares en campaña, pero difíciles de cumplir:

“…El comando de la candidata de la Nueva Mayoría incluye consensuar un “estatuto de autonomía” para los pueblos originarios de la zona y un Parlamento Regional.”

En el segundo acto, emerge la violencia como respuesta a la demagogia:

“La CONADI cumplió ayer 15 días sin atender al público, producto de una toma… La Gobernación de Malleco fue objeto de otra movilización similar el viernes reciente, que terminó en un desalojo de madrugada. Y ayer fue el turno de la Municipalidad de Ercilla”.

En el tercer acto, el manual del buen demagogo dice que se debe promover el diálogo:

“Alberto Pizarro, Director Nacional de Conadi, dijo que mientras exista instancia de diálogo no vamos a desalojar, hasta ahora no se ha cortado.”

En el cuarto acto, se acaba el diálogo y comienza la represión:

“Cerca de las 5:00 horas de hoy Fuerzas Especiales de Carabineros llevó a cabo el desalojo de la CONADI, poniendo fin así a tres semanas de toma del recinto.
Al momento de realizarse el desalojo se produjeron algunos enfrentamientos entre los comuneros y la policía uniformada, mientras se detuvo a 33 personas, las que fueron trasladadas a la Segunda Comisaría de la capital regional de La Araucanía.”

“Victor Queipul, quien formó parte de la toma de la Conadi, criticó el desalojo: Estuvimos 21 días esperando el diálogo que el gobierno decía que quería tener con nosotros, pero nunca se presentaron”.

            “Daniel Melinao, werken de la comunidad Wente Winkul Mapu, dijo: aquí queda demostrado claramente la poca capacidad de diálogo que tiene el gobierno frente a la situación de La Araucanía”.

Hoy es Bachelet, en el pasado fue Ricardo Lagos y Patricio Aylwin; hoy fue el programa de Gobierno de la Nueva Mayoría, en el pasado fue el Informe de la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato de Lagos y el Acuerdo de Nueva Imperial de Aylwin; hoy son las tomas de instituciones públicas y querellas, ayer fueron las tomas de camiones y la aplicación de la ley antiterrorista; hoy son las comunidades mapuche cohesionadas, ayer fueron la CAM y Ad Mapu.

Siguiendo el mismo guion -demagogia, violencia, diálogo y represión- se ha configurado el perverso ciclo de la violencia en La Araucanía.

Hay verdades que pocos se atreven a confesar. Una de ellas es que el Estado ha fracasado en La Araucanía.

¿Por qué ha fracasado? Porque el Estado nunca ha asumido que no fueron los mapuches, no fueron los colonos, ni los gremios, no fue Pinochet ni Allende, ni las forestales los causante del conflicto. Estos pueden ser acusados de mantener el conflicto, de entorpecer cualquier diálogo, pero el causante del conflicto es el Estado.

Y el conflicto ni si quiera se trata de tierras más o tierras menos; hablar en mapudungun, español o inglés; mucho menos de pobreza o la aplicación de la ley antiterrorista (cuestiones relevantes, pero consecuencias del conflicto más que su causa).

El conflicto tiene que ver con la concepción misma del Estado, y como éste se relaciona con los diversos pueblos que lo componen: Estado Nación Homogéneo v/s Estado Pluricultural.

Y no, no se trata de prescindir del Estado, ni de formar nuevos estados dentro del Estado como algunos seguro dirán. Mi propio hexabuelo Venancio Coñuepan fue uno de los pocos longkos que luchó a favor de la Independencia a principios del siglo XIX, con todo el peso histórico que implicó en la época apoyar a un par de revolucionarios -O´Higgins, Carrera, Freire, entre otros-, mientras la gran mayoría de los longkos de la época apoyaban al Rey de España, ya que por último éste les respetaba sus tratados y autonomía.

El viejo Venancio, hacia un llamado a los pehuenches a unirse a la causa patriota con las siguientes palabras:

“… Salgamos huyendo del estado de embrutecidad y pasemos a comunicarnos unos a otros, gocemos de las campiñas, fertilidad de las aguas abundantes que nos dio el autor de la naturaleza, edifiquemos grandes casas a donde podamos criar nuestros hijos y educarlos, labremos la tierra para plantar y desparramar semillas que su fecundidad nos dará suficientes productos, fomentará nuestros hijos, unámonos a nuestro Gobierno y pasemos a gozar la casa grande que está fabricando, en ella descansando disfrutaremos de los manjares que nos tienen preparados para nuestro regalo.” (Pinto, Jorge. La formación del Estado Nación. De la inclusión a la exclusión. Pág. 71)

Su sueño de un país para todos, un país donde conviva el chileno, el mapuche, el rapanui, etc. su sueño de un Chile intercultural, sucumbe ante un Estado que no nos deja ni izar la bandera mapuche.

Ante eso tenemos tres opciones: primero, no hacen nada y dejan que el ciclo de la violencia siga creciendo y creciendo; segundo, niegan a raja tabla cualquier tipo de diversidad cultural pretendiendo asimilarnos y esperando que en un par de años se acaben los mapuches; tercero -y esta es nuestra opción-, reconstruimos un país donde todos tengan espacio, un país donde no se niegue la diversidad, y por el contrario, ésta se convierta en la fuente de nuestra unidad.

Nueva Zelandia pudo hacer esto último en 1975, reconociendo las violaciones que habían hecho al Tratado de Waitangi de 1840 y creó el Tribunal de Waitangi institucionalizando así un mecanismo para resolver las discrepancias históricas. Hoy el embajador John Copper, dice:

“ Muchas personas en Chile me preguntan sobre la convivencia cultural en Nueva Zelanda como si fuera un proceso terminado y exitoso. No es así. La perfección no existe, y esta es la realidad en cuanto a la situación del país. Este es un proceso sin fin, como todos en nuestras sociedades y democracias”. (Fundación Chile 21. Seminario sobre demandas indígenas: Vilcún, necesario punto de inflexión, hacia un nuevo trato. Santiago de Chile. Enero, 2013

Nosotros tenemos el Tratado de Tapihue de 1825 -y una decena más- y la voluntad de dialogar. La pregunta es si el Estado lo hará…

Venancio Coñuepan

FUENTE: Voces La Tercera. 9 de septiembre del 2015.