vconuepan Noviembre 28, 2017 Sin Comentarios

Con nombre argentino y apellido ilustre, el peñi Ildefonso Quilempan, el “escultor” como le llaman en sus tierras, es uno de los artistas mapuche más prolífico de los últimos tiempos, sus obras de más de 4 metros de altura buscan contar la historia del pueblo mapuche.

Mi nombre completo es Ildefonso Enrique Quilempan Astorga, mi papá se llamaba Lorenzo Quilempan y mi madre Eduvina Astorga.

 El nombre Ildefonso es argentino, en ese tiempo vendían unos sacos de papa de una fábrica que se llamaba Ildefonso, de ahí salió mi nombre, era una fábrica argentina bien famosa por estos lados.



Y, por mí apellido Quilempan, según contaba mi abuelo, descendemos del longko Francisco Quilempan de Puerto Domínguez de la actual comuna de Puerto Saavedra. Quilempan significa “león rojizo”, antes se escribía de otra forma, pero como sabes, después llegaron los registros civiles y cambiaron los nombres por otros parecidos.



Yo soy de Puerto Domínguez, nacido y criado en una comunidad mapuche, la comunidad Francisco Quilempan, el nombre de mi tatarabuelo que fue longko. Mi madre y mis hermanas todavía viven allí, yo me vine por trabajo a la ciudad. 

Actualmente, mi primo es el longko de la comunidad, pero el apellido Quilempan se perdió en la comunidad, ya que mi tatarabuelo tuvo puras hijas, y el apellido paterno de mi abuelo no era Quilempan, sino que Catrinao, pero fue inscrito solo por su mamá, entonces, por eso se mantuvo el apellido conmigo, sino se hubiese perdido y yo sería Catrinao.

Mi tatarabuelo Francisco Quilempan era un longko de la boca del Budi, de la comunidad Quechocachin. Él fue un gran defensor del pueblo mapuche contra la invasión de los colonos, busco mantener la identidad del pueblo mapuche y según cuenta la historia, hizo una apuesta para mantener sus tierras. 
Él tenía un toro grande, y apostó con unos colonos en una pelea de toros, el dueño del toro que ganaba, se quedaba con las tierras, y ahí hicieron pelear a los toros y gano el toro de Quilempan, lo que permitió que mantuviéramos nuestras tierras hasta el día de hoy.

¿Qué recuerdos tiene de su infancia?

Crecí como lo hacían los viejos antes, en una ruka, con fogón y comíamos lo que la tierra nos daba. Mis padres sembraban y cosechaban para nosotros que éramos cuatro hermanos. Anduve a pata pelada hasta los ocho años, a esa edad conocí los zapatos que comprábamos en Carahue.

 Mi padre trabajaba en el campo y mi mama le llevaba su almuerzo, un día cuando estaba embarazada, le vinieron los dolores, y mi padre la ayudo en el trabajo de parto, ahí nací yo, en el campo, con mis dos viejos al lado.

  

Estudié en el campo, pero sólo hasta séptimo básico, había que ayudar a la familia, así que de chiquitito tuve que trabajar. Me acuerdo que mi abuelo, me regalo una parejita de terneros que posteriormente se transformaron en una yunta de bueyes que utilice para trabajar en metros ruma. 

Cuando tenía 14 años junte dinero y me compre mi primera motosierra que me sirvió para trabajar, empecé a cortar leña, a hacer carbón, después, comencé a hacer metros ruma, y, así a ganarme la vida. Cuando tenía 16 años mi padre falleció, así que me dedique por completo al campo, a la agricultura, a la venta de metros ruma, a hacer carbón y a cuidar a mis hermanas y a mi mamá.



Más adelante, cumplí mi sueño de juventud, comprarme una moto. Me acuerdo que fui con mi hermana a Temuco, fuimos a un lugar donde vendían motos y me compre una Yamaha 125, le dije al vendedor que me explicara lo básico de cómo se manejaban las motos, me subí y me vine con mi hermana a Puerto Domínguez. De adulto retome mis estudios, terminando cuarto medio y llegue a la Universidad.

 

 

EL NACIMIENTO DEL ARTISTA

¿Como fueron sus inicios como escultor?


Como me fue bien en el trabajo de venta de carbón y de metros ruma, más tarde me compré un aserradero y comencé a trabajar con más madera, en el aserradero comencé a hacer asientos con motosierras, como hobbie, ese fue mi primer acercamiento a las esculturas, hacia tronos de madera para sentarme, decía: este es el sillón del jefe, porque yo me creía el jefe, después esos tronos quedaban botados en el campo, pero como le dije, era solo un hobbie, para demostrar que tenía habilidad con la motosierra, nada más allá que eso.



Después, cuando tenía cerca de 18 años, el tema de la madera se puso lento, entonces cambie de rubro y me dedique al tema de la mueblería, aprovechando que tenía esa habilidad, cuando llego la electricidad al campo la cosa fue más fácil, cambie mis herramientas, pase del serrucho a mano a las herramientas eléctricas, todo se me hizo más fácil y me dedique un tiempo a la mueblería.

 

¿Como comenzó en la mueblería?

Me acuerdo que tenía una camioneta y la vendí, con lo que gane me compre las herramientas, también, vendí mi tractor, porque ya no quería trabajar más en metros ruma, quería estar más en mi casa, quería estar con mi familia.  



Me fue bastante bien, porque trabajaba bien, empecé con línea plana, después incursioné en modelos con detalles, hacia tallados más bonitos y le subía el valor a mi trabajo. Después me empezaron a enviar muebles antiguos para reparar, nunca lo había hecho, pero nunca digo que no, cuando uno sabe que tiene las habilidades se atreve, y yo siempre me enfrente a los desafíos y después iba viendo como los abordaba. Con ese primer trabajo me di cuenta que me gustaba más el trabajo arquitectónico, de moldear la madera, de esculpirla más. Fui autodidacta, aprendí trabajando, me gusto más este trabajo, porque también se cobraba mejor, yo reparaba un par de muebles antiguos y ganaba bastante más que antes.


A veces me decían: ¿tú serías capaz de hacer esto o lo otro? Y, yo les respondía: sí, ningún problema, lo hago. Los muebles tenían una pata quebrada o cosas así. Con el tiempo me dije: soy capaz de hacer este tipo de muebles, así que me puse a hacerlos, hice un par de sitiales me acuerdo. Después vino un cliente y los vio, me dijo: haz más y los vendo en Santiago.

Entonces, comencé haciendo solo la parte esquelética de los sitiales, con tallados y pulidos, los forraban en Santiago. Después, me dije: yo también puedo hacer estas cosas completas, con tratamiento de superficie, con el lacado y también los puedo tapizar. Así, que lo hice, y después comencé a entregar mis propios muebles tapizados, completos, y ahí subió de nuevo el valor.

 

¿Y cuál fue su primera escultura?

Me dedique varios años a la mueblería, a veces hacia unos planteros que los ponía de esquineros o fruteras, les ponía un pedestal torneado, cuadrados o redondos.

 Me acuerdo que una vez vi a una mujer africana con un canasto en su cabeza en una revista, hermosa, y me dije: voy a hacer a esta mujer en un pedestal. La desarrollé e hice de un metro de altura, toda de una pieza de madera, me quedo increíble. 

Esa fue mi primera escultura, pero en ese tiempo yo no sabía que se llamaban esculturas, para mí era solamente un plantero, era algo para guardar frutas, había sido un desafío para mí, sólo eso, la hice para mí, para dejarla de bonito en el taller.



Pero, los clientes que venían al taller decían que bonito el plantero, paso como un año y llego una persona que venía de Suecia, esta persona me trajo unos muebles para que le reparara y me dijo: ohh que linda su escultura. Yo la tenía llena de polvo, entonces, la sacudí un poco, para que se viera más bonita, sin intenciones de venderla, solo para que la apreciaran mejor. Entonces, esta persona me pregunto si yo la había hecho, que era una obra de arte. Yo le respondí que era solo un plantero, una cosa para dejar frutas. Esta es una escultura me dijo. Yo campesino que iba a saber que era una escultura, entonces, me dijo: esta es mía, me la vendes.

Si le dije, yo, por un plantero común y corriente cobraba entre 30 o 40 mil pesos, y, como esta tenía más trabajo y la persona estaba interesada, le dije se la vendo en 200 mil, para mí eso era bastante dinero, estaba muy bien pagada con eso, y ella me dijo: más encima no sabes cobrar, te voy a dar los 200 mil, pero esta obra vale mucho más. Yo quede contento con los 200 mil, me dijo que me iba a invitar a una cena más adelante. Y, fui a las semanas, era como una tertulia, en donde mi  plantero, la obra era la escena principal, la persona de Suecia le había hecho hasta un poema a la escultura, me presento a las demás personas, todos eran profesionales, eran profesores, poetas, gente del mundo artístico, personas que nunca había visto, eran las personas pudientes de Nueva Imperial, para un cabro de campo como yo era todo un mundo nuevo, la señora de Suecia me presento como el gran artista y yo no tenía idea que era un artista, mucho menos que yo fuese uno, me felicitaron, me sacaron fotos, me mandaron a hacer más cosas, y ahí comencé en este mundo de las esculturas.


Después, una joven de Estados Unidos que venía a Chile, me contacto y me mando a hacer una escultura de Gerónimo, el jefe de los apaches, que es bien famoso allá, me lo pidió de 60 centímetros de alto. La señora de Suecia me dijo ahora cobra más, y cobré 800 mil, me dijo: todavía estas cobrando muy barato, yo le dije que para mí estaba bien, la hice de castaño, quedo muy linda.


Después de estas obras, no quise trabajar más en la mueblería, hice el Gerónimo, a todos les gusto, la exhibieron en Nueva Imperial, en Temuco, también dieron una gira por ahí, yo presenté mi obra y ahí me empecé a hacer conocido por el tema.

Me di cuenta que la gente de afuera, los extranjeros, valoran mucho más que nosotros la cultura. Esos fueron mis comienzos, yo creo que fue un don que Dios me dio, desde niño, en el colegio, me destaqué en las artes manuales, pero recién a partir del año 2000 me empecé a dedicar de lleno en la escultura, comencé con trabajos chicos hasta llegar a efectuar las grandes obras que vez hoy.

 

 

LA CIUDAD DE LAS ESCULTURAS

¿Como continuo después?

Como le dije soy de Puerto Domínguez, allá hay un joven muy visionario que se llama Gastón Catalán, él veía las cosas de otra manera, era Presidente de la Junta de Vecinos, un día me mando a hacer unos muebles y vio mis esculturas, entonces me dijo: Quilempan, que tal si en Puerto Domínguez hacemos unas esculturas como estas, para fomentar el turismo allá, porque Puerto Saavedra nos quita a todos los turistas, somos el patio trasero, desarrollemos un turismo más especial, para personas que quieran conocer sobre la cultura.

Seguimos conversando y viendo la posibilidad de hacer una escultura de unos dos o tres metros, de unos cuatro metros le dije yo, el me pregunto si sería capaz de hacer una escultura de esa magnitud y yo le respondí, por supuesto, solo es subir la escala, de un metro o veinte la hago igual, lo fundamental es que este el material, el resto lo veo yo.

 

¿Y financiamiento tenían?


Nada, solo tenía mi motosierra, entonces, nos acercamos a la Municipalidad para ver si existía algún proyecto para desarrollar ese tipo de esculturas, el alcalde poco nos creyó, creía que íbamos a hacer los típicos rewes. 

En esa época se estaba gestionando la plaza de Puerto Domínguez, pero no habían avances porque había que rellenar el terreno y salía muy caro, creo que rellenar el terreno costaba más dinero que la misma plaza, el dueño del terreno quería vender, pero no sabía cómo, entonces, nosotros con Gastón conversamos con el dueño del terreno, el terreno en si era un pantano, pero igual, le contamos al dueño de nuestra idea de instalar esculturas en la plaza, él dueño estuvo de acuerdo, veía que así también podría vender el terreno, pero tampoco entendía la magnitud de nuestro proyecto, la verdad nadie nos entendía, todos creían que eran los típicos rewes, no entendían el motivo de hacer estas esculturas, a la gente no le interesaba el tema, nosotros nos quedamos callamos, sabíamos lo que queríamos hacer.



Después, fuimos al Gobierno Regional, allá nos pidieron fotografías de trabajos anteriores, experiencias y un montón de cosas que no teníamos, si esto era un sueño, una locura, imagínate hacer esculturas de tres o cuatro metros, quien me iba a creer semejante locura en la región, nadie. Ahora, todos creen porque las pueden ver, pero en ese tiempo nadie había visto esculturas de esta magnitud, en Temuco estaban las esculturas de bronce de la plaza de armas y los chemamull del Cerro Ñielol, pero no había ninguna escultura de madera de gran envergadura.

Desde el Gobierno Regional, me insistían: ¿la experiencia donde esta? Yo les mostré un par de fotos de mis esculturas pequeñas, les decía: estas las quiero transformar en unas obras de tres o cuatro metros, pero no me creyeron, no nos consideraron, nos pidieron más experiencia. 



Luego, hicimos una reunión con la Junta de Vecinos para presentarles nuestra idea, ellos tenían solo 500 mil pesos, así que les dije: no se preocupen, voy a hacer la obra gratis, pero tienen que ser dos, un hombre y una mujer mapuche. Comenzamos con unos troncos de pino, no era la mejor madera, pero fue un regalo, los de vialidad los había cortado y los habían dejado botados en el camino, se los pedimos a los dueños y ellos estuvieron de acuerdo, con ayuda de personas del pueblo y tractores los sacamos, y, los llevamos al lugar donde iba a trabajar.

  

¿Esas fueron sus primeras obras?


Si, esas fueron mis primeras obras grandes, hoy están en la plaza de Puerto Domínguez, es un hombre y una mujer mapuche de 4,2 y 3,7 metros respectivamente. 

Cuando llevaba la mitad del trabajo, llamamos al alcalde y le dijimos: miré, esta era la idea. El alcalde quedo encantado y nos dijo: ¿Qué es lo que necesitan? Le respondimos, rellenar el terreno de la plaza, a los días el alcalde mando camiones para rellenar el fango y en febrero inauguramos las obras, ahí se invitó a la prensa, a las autoridades regionales y locales, fue todo un evento, se hizo con gran parafernalia.

Esos fueron mis comienzos. Al principio nada es fácil. Hace un tiempo un cabro que trabajo conmigo me decía, no me escuchan, yo le decía al menos tendrás la experiencia de haber trabajado con alguien, eso es algo que yo no tenía cuando comencé, le explicaba que al principio hay que sacrificarse, si te pagan 2 millones por una obra que vale 10 millones, hay que hacerlo y presentar tu obra, no esperes que te paguen desde un principio los 10 millones que vale, ya que todo trabajo al principio implica sacrificio. 

Eso es una verdad que aprendí con el tiempo. Al principio, yo agaché la cabeza y comencé a trabajar por casi nada, solo para abrir una puerta y darme a conocer, gracias a Dios me resulto, pero eso fue con sacrificio y trabajo.



Para la inauguración de las obras en la Plaza de Puerto Domínguez, andaba una señora del Gobierno Regional que me dijo: mire chiquillo, no se preocupe por nada, usted escriba un documento con lo que quiere hacer y lo va a presentar al Gobierno Regional. No paso ni una semana y fui a presentar mi proyecto, le dije que soñaba con construir una escultura del longko Pascual Coña y como a los tres meses ya teníamos financiamiento para hacer esta obra. Con el tiempo las obras de Puerto Domínguez se convirtieron en el gran atractivo de la ciudad.

 

¿Que otras obras hay en Puerto Domínguez?


Hay varias. Está la de “Augusto Winter Tapia”, el poeta naufrago que llego a Puerto Domínguez hace décadas, hecho raíces en la zona y trabajo primero como mecánico de vapores, luego, como funcionario municipal y creo la primera Biblioteca Pública de la región. 


Luego, está la del “Longko Pascual Coña”, un ilustre que paso a la historia más allá de su época, por ser uno de los primeros líderes mapuche en dejar un testimonio escrito sobre su vida y las costumbres del pueblo mapuche.  

También, esta el “Pescador del Lago”, como un homenaje a todas las personas que tradicionalmente han realizado esta actividad en la zona, buscando el sustento familiar en la pesca.



Esta la mujer “Machi”, que representa las costumbres, tradiciones y ritos del pueblo mapuche. También, está el “Hombre mapuche” con lanza, que recopilaban sus alimentos del mar.



Y, en mi comunidad esta una de las más importantes, yo done el terreno, le puse harto ñeque y con un fondo FONDART pude construir la escultura que representa a mi tatarabuelo el “Longko Francisco Quilempan”, es la más grande que he construido, mide cerca de 5 metros y medio, cuando la termine, hicimos un gran nguillatun para bendecirla. Es mi mayor orgullo.  

Con Gastón queríamos crear una ruta de las esculturas, una persona podría ver una escultura mía en San José de la Costa, en Puren, en Lebu, en distintas partes del país, pero si quiere verlas todas, debe venir a Puerto Domínguez, tenemos pensado hacer unas 30 o 40 esculturas, y, que Puerto Domínguez sea conocido como la “Ciudad de las esculturas”.

 

 

LA CONSOLIDACIÓN DEL ARTISTA

¿Como elige a los personajes de sus esculturas?


En cada sector hay una historia, cuál era el primer longko, cuál era la actividad económica del sector, etc., hasta la fecha he construido como 40 esculturas y todas rescatan una parte de la historia mapuche, pero también la historia de los colonos, lo que busco es rescatar la historia. 



Ahora, se habla de la llegada de los españoles, unos dicen que eran invasores, otros que eran conquistadores y otros que traían el desarrollo económico. Lo último si llegó y a todos nos sirve, casi todos tenemos celulares, eso es desarrollo que llego. Hay matices claro, pero uno no puede negar que el desarrollo nos ayudó, no podemos pretender volver atrás y andar como los antiguos solo en carreta, debemos mantener nuestra identidad, sentirnos orgullosos de ser mapuche, pero hay que aprovechar los adelantos, si están, hay que usarlos, y hay que aprovecharlos bien.

 

Concuerdo con usted peñi, y, es más, lo de aprovechar los adelantos de los otros no es algo nuevo, los mapuche lo hacían desde antes que existiese Chile, como debe saber, el caballo no era originario de estas tierras, lo trajeron los españoles y nosotros lo importamos, y lo aprovecharon tan bien, que en el siglo XIX el pueblo mapuche se convirtió en un próspero pueblo ganadero.

Claro que sí, el mapuche tiene grandes habilidades, aprendemos rápido y no nos quedamos chico ante nada.

 

¿Cuanto se demora en hacer una obra? ¿Con quien trabaja?

Entre tres a cuatro meses por cada una, dependiendo si es una obra individual o varios objetos en una misma escena. 

Trabajo solo, he tenido a personas trabajando conmigo, pero a veces me empiezan a cambiar las cosas y se pierde el hilo de la obra, con la madera hay que tener cuidado, un descuido y cambia la obra completamente, no es como el bronce que se puede restaurar, si te pasas con la motosierra, la obra queda fallada, es complicado, por eso prefiero trabajar solo.

  

Peñi, disculpe la indiscreción ¿Cuanto cuesta una de sus obras hoy?

Mire, cuando se trata de longkos o machi, o cuando son personajes individuales de unos 3 o 4 metros, cobro cerca de 15 millones de pesos; cuando es más de una obra, por ejemplo, un caballo con jinete, cobro cerca de 20 millones de pesos.


Con eso estoy bien, eso incluye el traslado, porque no se trasladan con un par de hombres, hay que contratar maquinarias, grúas y camiones para trasladar las obras y eso es caro. Además, hay que comprar los troncos, ya no me los venden a precio de metro ruma. Ahora dicen: ahí viene el escultor y me cobran un millón o más por tronco. Yo se los pago, trabajo bien la madera y cobro bien por mis obras, es justo que ellos también cobren bien por la materia prima.

 

Claro, su trabajo ya es muy reconocido, yo lo he visto en varios reportajes de televisión y diarios, es todo un maestro ya:

jajaja un poco, todas mis obras llevan una placa y la gente ya conoce mi estilo, en los últimos años han salido varios escultores que se atreven, que dicen al igual que yo en su momento: pero como, si la hizo este compadre que es humano, como no la voy a hacer yo, y me alegro por eso. El muchacho del que te hable, hoy hace obras en Pucón, el trabajo cinco años conmigo y aprendió todas mis técnicas, sus esculturas se parecen harto a las mías, la técnica está, la forma de anclar está, lo único es que las suyas no tienen tantos detalles finos como las mías, le quedan algo toscas. Esto es como los músicos, yo me he fijado en el campo, había niños que ni siquiera conocían las guitarras, pero les pasabas una, le dabas un par de instrucciones y el cabro a la semana ya está haciendo hablar a la guitarra, yo estuve un tiempo con ganas de aprender a tocar, pero no pude, pasa lo mismo con las esculturas. Hay que tener talento, y eso Dios lo da.

Claro, no todos tienen dedos para el piano, hay que buscar los talentos que tiene uno y desarrollarlos.


Así es. Ahora, cuando las personas vienen a verme, quieren ver con que trabajo, creen que tengo un arsenal de herramientas. En el verano me invitaron a un simposio internacional de escultores en Temuco, de unas obras que se presentaron en la Plaza de Armas. Me habían invitado a participar de la exposición, siempre me invitan, pero yo no he querido participar, no compito con nadie, tampoco hago obras a la rápida, necesito investigar un tiempo sobre la obra que voy a desarrollar, mis obras tienen una identidad, una historia, y esa investigación implica tiempo, no puedo hacer una escultura en una semana para participar y decir ya aquí esta. Podría hacer una escultura cualquiera y participar, pero ese no es mi estilo.

  

¿Cuál es su estilo?

Yo trabajo el realismo escultural, principalmente a través de figuras autóctonas de la historia del pueblo mapuche. Mi propósito es contar la historia a través de las esculturas que hago, con personas y leyendas que son históricas.

  

En ese simposio del que le hable, fui y los otros escultores querían conocer mi taller, como trabajo, me decían usted es el maestro, yo me reía y les daba las gracias, luego los invite a conocer mi taller. Llegaron un día, todos, como quince personas en un bus, los recibí, compartimos un asado y unas bebidas, luego fuimos a la ciudad a mostrarle las obras que ya estaban instaladas, disfrutamos una tarde bien agradable.

Ellos miraban mi taller y no me creían que con tan simples herramientas hiciera mis obras. Yo uso motosierra para delinear los troncos, luego con unas hachazuelas moldeo las figuras, sigo con gubias, con formones los detalles y al final termino con un lijado completo.
 Solo eso.
 Mi padre decía: el buen músico toca con una sola cuerda. Ellos no me creían porque cuando los fui a visitar en el simposio, tenían unas tremendas cajas de herramientas, con infinidad de implementos, esa vez les decía tantas herramientas que tienen, ellos me respondían usted debe tener más, yo solo me reía.

 

¿Que otras obras tiene?

En Nueva Imperial hay varias. Están las de la plaza de armas: la escultura del longko Juan Luis Huenul, quien era el custodio de las tierras del Traitaico y primer longko de las familias asentadas en ese territorio. La representación de la mitología mapuche a través de las serpientes Kai Kai y Txeng Txeng; la “Domo” mujer mapuche, mediadora entre los ancestros y la naturaleza; la del Choike Purrum, danza religiosa del pueblo mapuche que representa los movimientos de los pájaros.



Al costado del gimnasio de Nueva Imperial, también hay tres obras: unos jugadores de palín, deporte tradicional mapuche; el cochayuyero, en homenaje al extractor y vendedor de cochayuyo que aún recorre las zonas desde la costa hasta Temuco; y, la familia mapuche, dedicado al núcleo básico de la estructura social mapuche, formado por un hombre, su esposa junto a un bebé, un niño y un perro familiar.




Desde Chol Chol también me llamaron, la Municipalidad tiene un proyecto para remodelar el bandejón central.

 La que estoy trabajando ahora es para Osorno, es una machi, una curandera como le llaman allá, como llego fuerte la colonización allá, las machis son distintas, usan una túnica distinta, el cultrún es un bombo, por eso es importante la investigación previa, conocer el entorno y la historia local. La obra actual es una machi presentando sus hierbas a Dios, está haciendo una rogativa, tiene su olla en donde hierve sus medicinas, después las saca con un jarro, esa es la historia de esta obra.

 

 

¿Hay una obra en Carahue de dos hombres dándose la mano, esa obra es de usted?

Si, esa obra es mía. Significa la aceptación entre el wingka y el mapuche, busca dejar de lado las diferencias, valorar lo que hemos aprendido del otro, por eso están las ruedas de los motores, los rieles, por eso el wingka tiene un reloj y el mapuche una correa, por eso está el cultrún.

En la Municipalidad de Carahue me pidieron algo que represente a la comuna, y a mí se me ocurrió eso, porque llego fuerte el desarrollo allí, están los trenes, están los mapuche, hubo una aceptación.

Claro, que existe un problema cuando el mapuche se awingka, no hay que olvidar nuestras raíces, pero tampoco hay que irse al otro extremo de oponerse a todo, debe haber un libre intercambio, se debe utilizar lo bueno del otro, no porque seamos distintos vamos a oponernos al desarrollo.

 

Sabe, ese mismo es el sentido de la Fundación Chile Intercultural, busca el diálogo entre estos mundos diferentes, que se reconozcan, que dialoguen, que convivan. En la Fundación creemos que los grandes líderes del siglo pasado, los Manuel Manquilef, los Manuel Aburto Panguilef, los Venancio Coñuepan, los José Cayupi, etc., fueron grandes porque supieron colaborar con los otros, no se aislaron, y es justamente esa reticencia al diálogo, a la colaboración, la que nos ha llevado al conflicto actual.

 

 

 

EL MALDITO ASISTENCIALISMO

¿Por qué cree que los mapuche son tan pobres en la actualidad?

Yo tengo una aprensión con el mundo mapuche, a veces somos más discriminadores que el propio wingka, hay unos cuantos que son envidiosos y no pocos son flojos

Hay un tema que debe cambiar, y, es el del asistencialismo.

Yo he visto que algunos peñi a veces se quedan ahí, sin hacer nada, tienen más hectáreas que el vecino y no hacen nada. Por ejemplo, aquí cerca hay un peñi que tiene 20 hectáreas de tierras y las tiene llenas de malezas, tiene un par de cerdos flacos y unos chivos peor que los otros; y el vecino, a un cerco de distancia, que es wingka, tiene maquinarias, tiene tractores, tiene hortalizas, tiene cerdos gordos y tiene muchas hectáreas menos que el peñi.  

La diferencia está en que ese vecino se levanta a las siete de la mañana, vas a su casa temprano y te dicen que salió a trabajar; vas a la misma hora donde el peñi y está durmiendo, preguntas por él y ni siquiera se levanta, te dicen que vuelvas a las once o a las doce.


 

¿Y eso cómo se podría evitar?

Es complicado. Eso es lo que llaman asistencialismo, dar cosas sin pedir nada a cambio.
 Un ejemplo, a mí me han dicho, claro tu eres mapuche, tienes apellido indígena, te dan todo, tienes todos estos proyectos seguramente. Pero sabe peñi Venancio, yo jamás he ido a CONADI a pedirles algo, nunca, nada les he pedido.

 Yo trabajo, vendo mis obras y me pagan. Con eso me financio y sigo trabajando.

Hoy gracias a Dios tengo un contrato fijo con el Municipio de San Juan de la Costa en la región de Los Ríos, me pagan mensualmente y a final de año les llevo las obras que me piden, mensualmente les envió estados de avance.

Pero yo soy así, porque mis padres me criaron así. El asistencialismo es algo que debemos cambiar, pero es un cambio lento, no va a ser de un día para otro, hay que ayudar a los peñi a encontrar sus talentos, que los puedan desarrollar y salir adelante, con su trabajo, sin tener que andar mendigando. 

 

 

 

EL PEWMA DE QUILEMPAN 

¿Peñi cuál es su sueño?

Hay varios sueños: uno es construir en un lago y un cerro las figuras de Txeng Txeng y Kai Kai Vilu, las serpientes del bien y el mal, que, según la cosmovisión mapuche, lucharon y crearon un diluvio del que solo sobrevivieron un hombre y una mujer, que alcanzaron una cima para salvarse, y, de ellos emergió el mundo mapuche. Las imagino como figuras de unos 30 metros de largo, una dentro del lago y otra en el cerro.



Otro sueño es hacer algún día, los 12 guerreros más importantes del pueblo mapuche. También, me gustaría hacer una obra gigante que represente a mi región, tal vez hacerla en Temuco, pero lo más importante, sería terminar el proyecto que soñamos para Puerto Domínguez. Terminar la totalidad de las esculturas que habíamos soñado, que representan la vida, costumbres y añoranzas de nuestro pueblo, que, de alguna forma se reflejan las experiencias campesinas y mapuche.



Soy un agradecido de la vida y de mi pueblo, Dios me preparó con todas estas experiencias de vida que te he contado para poder llevar mi arte a la gente. Conozco la cultura mapuche, viví la resistencia. Dios me puso en este momento para hacer este trabajo. También me dio un remezón y enmendé el camino. Sé cómo enyugar los bueyes, como montar un caballo y cuántas vueltas tiene la coyunda. Por eso puedo darle una tridimensionalidad a los trabajos que hago con animales o con personajes porque yo viví esa vida.