vconuepan Diciembre 4, 2017 Sin Comentarios

Quinquén es un valle ubicado en las Cordilleras del sur de Chile, cerca del pueblo de Lonquimay a unos 800 kilómetros de Santiago. Es la zona donde viven los mapuche pehuenches y la familia Meliñir.

Según el Censo de 1907, más de 30 mil personas mapuche, quedaron sin ser radicadas con posterioridad al año 1930, fecha en que se puso término a las funciones de la Comisión Radicadora de Indígenas. En esta situación quedo la comunidad pehuenche de Quinquén en Lonquimay. 

La familia Meliñir no fue radicada en sus territorios, sino que fue incorporada como parte del Título de Merced de otras comunidades, dando así, inicio a un centenario conflicto.

No fue hsta el año 2007 que la comunidad de Quinquén, recibió del Estado de Chile el título de propietario de sus tierras ancestrales. Esto ocurrió 15 años después de que en 1992 el Presidente Patricio Aylwin, se comprometiera formalmente a dar solución a un conflicto que amenazaba con el desalojo de la comunidad. (José Aylwin y Raúl Molina. Comunidad de Quinquén. El Mostrador, 13 de diciembre de 2007)

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Quinquén en la Actualidad

Antes de entrevistar al peñi Joaquín Meliñir, conversamos con su primo Sergio Meliñir sobre como es la vida en Quinquén, quien nos dijo:

En la comunidad de Quinquén las casas están bien alejadas unas de otras, a kilómetros de distancia. Lo que dificulta las comunicaciones, porque tampoco tenemos buena señal de teléfono, tenemos que movilizarnos a caballo, hay una escuela, pero tampoco tenía internet, ahora se supone que deberían instalarnos conectividad bajo estos programas de gobierno que busca conectar a todos los sectores aislados.

 El tema de la conectividad es todo un problema, ya que muchas veces por no tener internet no nos enteramos de que existían fondos de financiamiento o nos enteramos cuando ya terminaron los plazos para postular.

Usted sabe, Lonquimay es una de las comunas más pobres del país, y en Quinquén la cosa es bien difícil también. Nosotros tenemos las ganas de emprender, pero nos faltan conocimientos para desarrollar de buena forma los proyectos, los fondos que actualmente existen son muy focalizados y por un tiempo corto, después que se acaban quedamos en el aire, no hay continuidad en esa asesoría, y tampoco tenemos los recursos para financiar esas asesorías.

Actualmente, las personas de Quinquén viven principalmente de la venta de animales, los llevamos a las ferias de Lautaro y Victoria, también, trabajamos en la recolección de piñones, pero no es regular, para el 2017 no tuvimos piñones, solo se dieron para el consumo humano, como no hay se venden carísimos en Temuco.

 

También entrevistamos al peñi Juan Carlos Meliñir, quien nos dijo:

Me llamo Juan Carlos Meliñir, soy el mayor de los siete hermanos Meliñir, cinco hombres y dos mujeres.  Nuestro padre es el longko de la comunidad de Quinquén, se llama Ricardo Meliñir. Quinquén significa en mapudungun “refugio”, porque los antepasados en tiempos de la ocupación española se escapaban a las montañas de Quinquén para refugiarse, allí hay muchos cementerios, hay una historia sepultada, que todavía no se rescata del todo, se ha ido transmitiendo de forma oral, pero falta mucho por investigar.

Nuestra comunidad tiene mucha historia, una de las principales tiene que ver con la Araucaria, antes de que se reconociera en 1976 como monumento nacional, los viejitos de la comunidad tuvieron que luchar contra empresas madereras que talaban a destajo las milenarias araucarias que usted ve, a esas empresas el Estado les tuvo que pagar todo su plan de manejo, ese fue uno de los primeros dolores que tuvieron que sufrir nuestros padres, un dolor que todavía está vigente, la lucha contra esas madereras.

Otro de los hitos fue la recuperación de nuestro territorio. El Estado había vendido nuestras tierras con nosotros adentro, la comunidad de Quinquén fue una de las primeras restituciones territoriales que hizo el Estado chileno a principios de los años 90, fuimos una de las comunidades impulsoras de la restitución territorial, un tema del cual se ha abusado por mucho tiempo, nadie regula las cosas, por ejemplo, por una hectárea que valía 2 millones de pesos hoy se cobran más de 20 millones. En los años 90 nos restituyeron cerca de 26 mil hectáreas para cuatro comunidades: Quinquen, Huallal Mapu, Pedro Calfuqueo y la Huenu Callvante. Esa recuperación es una tremenda y sufrida historia.

Hoy la comunidad está mejor, conservamos nuestra cultura, tenemos nuestra propia escuela, nuestra propia posta, aquí en la ciudad tenemos una hostería, todo lo anterior se construyó con fondos de cooperación internacional, el Estado no nos financio nada de esto. 
Fueron cerca de siete organismos internacionales que nos ayudaron, una ONG alemana, la embajada británica, entre otras. Esos países dijeron si su conflicto con el Estado dura 100 años, significa que van a estar 100 años sin educación y sin salud, y eso no puede ser, así que nos financiaron la escuela y la posta que tenemos en la comunidad, eso fue como en el año 1993. Recién hoy el Estado está poniendo recursos, hoy la posta y escuela son atendidos por funcionarios de la Municipalidad.

La hostería fue construida por nosotros y es de propiedad de las cuatro comunidades, es una asociación indígena, ofrecemos servicios de restaurant, antes vendíamos artesanías y como el invierno es muy sufrido en Lonquimay damos alojamiento a las personas campesinas de la comuna, son precios especiales entre $3.000 a $3.500 pesos, hoy la cosa ha cambiado y la gran mayoría tiene vehículos, pero antes debían quedarse en la ciudad hasta que pasara el mal clima.

Los miembros fundadores de la comunidad fueron como 23 familias, hoy hay casi 100 familias en Quinquén, que incluyendo a jefes de hogar e hijos llegan a las 200 o 300 personas.

 

 

Joaquín Meliñir

¿Peñi cuénteme de usted? ¿Qué recuerdos tiene de su infancia?

Mi nombre es Joaquín Meliñir Huaiquilllan, tengo 36 años, soy mapuche pewenche y pertenezco a la comunidad Quinquén, hoy por temas de trabajo estoy viviendo en el pueblo de Lonquimay, pero sigo teniendo mi casa y participo en la comunidad.

Cuando era chico le dije a mi papa: quiero ir a estudiar afuera, él me dijo bueno y me acompaño en marzo a buscar matricula, en principio creí que era llegar y encontrar, pero no encontré nada en Temuco, unos amigos me dijeron que en Chol Chol había y entonces me fui a hacer el 7 y 8 básico allá, en el colegio William Wilson. Había casi puros mapuche, así que fue una ventaja, independiente de que era un colegio anglicano, existía respeto.

Uno conoce las distintas religiones, de hecho nosotros fuimos bautizados desde muy chicos por la Iglesia Católica, teníamos padrino y todo, mis abuelos, mis papas también, íbamos a misa, era muy notorio, nos encontrábamos todos en la iglesia, mi abuelo siendo longko participaba igual, era el primero que estaba en misa, esa fue una gran enseñanza que nos dejaron los viejitos, porque ellos no se confundían, supieron encontrar el equilibrio, absorbían todo lo que venía de afuera, pero no dejaban de ser mapuche. Después, la enseñanza media la hice en el Complejo Educacional La Frontera de Temuco, elegí la especialidad procesos industriales de la madera.

Creo que fui un afortunado al poder salir a estudiar afuera, quizás no tenía recursos, pero me atreví y me fui de acá, lo que me dio la oportunidad de conocer otras cosas.

 

Lo que me cuenta usted de su infancia es muy mapuche, nuestra cultura nunca fue rígida, todo lo contrario, absorbían cosas de los demás, pero no perdían su identidad: 

Claro, mi abuelo sabía perfectamente como persignarse, aunque a veces lo hacía al revés, se persignaba todas las noches, pero se levantaba a las 5 de la mañana a hacer su oración en mapudungun, eso fue una gran enseñanza. Él supo separar las cosas, hacerlas convivir, el no rechazaba las cosas de plano, las vivía.

 

¿Como influyo en usted conocer su origen, saber que su abuelo era un longko?

Siempre supe que era mapuche, la mayoría de nosotros hablábamos hasta como los 6 años hablábamos más mapudungun que castellano, yo recién aprendí cuando entra al colegio, nosotros siempre mantuvimos la lengua, quizás fue por la lejanía de Quinquén, había muy poca intervención arriba, la lengua ahora se fortaleció más con el conflicto, con la lucha.

 

¿Cuándo empezó a emprender?

Yo creo que fui emprendedor desde niño, busca vida como le llaman, siempre trate de pedirle lo mínimo a mis padres, porque sabía que eran pobres, y a veces incluso yo les compraba cosas, eso me hizo ser independiente desde muy joven, trate de buscar por distintos lados, siempre vinculado al tema del piñón y a la artesanía, que son dos cosas que siempre tuve conmigo.

En el Colegio, llevaba piñones a la William Wilson, me hacia el simpático con las cocineras y les pedía que me cocieran los piñones, y luego vendía bolsitas con piñones en el recreo, eso hice en octavo básico. 

Después en el liceo, también vendía bolsitas con piñones, los fines de semana trabajaba en un taller de artesanías en Temuco, hacia instrumentos musicales mapuche, como kultrunes, trutrukas, pifilkas, etc.

 

¿Que hizo después del Liceo?

Lo bueno del liceo La Frontera, es que no aprendí tan solo cosas sobre la madera, en primero y segundo año nos hicieron cursos sobre administración de empresas, circuitos eléctricos, etc., la idea es que antes de elegir en tercero medio, tuviéramos nociones básicas de varias cosas. Yo elegí el tema de los procesos en la madera, porque en ese tiempo estaba el boom de las forestales, estaba el forestin y se impulsaba en los colegios especializarse en esa área y como a mí me gustaba la madera, elegí ese técnico, después salí y lo que menos hice fue dedicarme a la madera.

Después postule en un concurso público para entrar a trabajar a Bosques Modelo, que era una instancia público – privada, como una fundación o algo así, ellos necesitaban un facilitador intercultural, vieron mi currículum, me hicieron una entrevista y quede. El trabajo consistía en acompañar a los profesionales que en ese tiempo estaban en los territorios, era una suerte de enlace entre los dirigentes y la comunidad, se veían temas de pertinencia, de relacionamiento con el territorio. Trabaje como 5 años en Bosques Modelo, trabajábamos en Lonquimay y Curacautín, existían recursos y se apoyaron varios proyectos de emprendimiento con las comunidades, también había proyectos de investigación. Pero en paralelo seguía con mi beta de emprendedor.

 

¿Cuándo constituyo su empresa familiar?

Para el 2007 yo ya había constituido mi propia empresa, en forma individual hice una Microempresa Familiar (MEF) para vender mis artesanías con boletas; y con mi papa y tres hermanos creamos la “Sociedad Comercial Meliñir”, en la cual comenzamos a trabajar temas de turismo y productos agroelaborados derivados del piñón, hacíamos harina de piñón, cuz cuz, conservas, etc.

Postulamos a fondos CORFO, nos asesoramos con la Universidad de La Frontera, hicimos investigación, todas las ideas locas que teníamos las empezamos a testear, con los fondos de CORFO visitamos distintas ciudades, hicimos exposiciones en donde mostrábamos nuestros productos a los clientes, recuerdo que hicimos una grande en Pucón, se hizo un testeo de mercado, se contrató a un chef, se hizo una excelente presentación, fueron hoteleros, ciudadanos y hasta la alcaldesa de la ciudad, así comenzamos a posicionar al piñón como un producto Gourmet.

¿Por qué eligieron el piñón?

Porque antes nadie lo hacía, si bien existía consumo y venta a granel, no se innovaba más allá. Nosotros en 2004 fuimos a una gira tecnológica a Argentina, porque habíamos escuchado que allá tenían una fábrica de alfajores en donde utilizaban piñones, nosotros quisimos ir a conocer esa experiencia, fui con mi hermano y otras personas más de la comunidad, para ver como trabajaban, para sacar el rollo.

Y nos llevamos una gran lección, los argentinos sin tener la propiedad, sin tener los recursos, sin tener la materia prima del piñón, con todas las restricciones que tenían allá, porque vivían dentro de un parque nacional, aun así, hacían grandes cosas y nosotros teniendo toda la materia prima, no hacíamos nada.

Cuando volvimos de esa gira comenzamos a experimentar con los piñones, nosotros solos sin ayuda ni mayor instrucción, aunque nos vimos obligados a hacerlo por malos negocios. Resulta que había negociado con un conocido de Santiago la venta de piñones, nos habían encargado 5 mil kilos de piñones, llegamos a un acuerdo de precio, salimos a recoger, a comprar a las comunidades, motive a toda mi familia, juntamos los 5 mil kilos y cuando llamamos al Santiaguino, este se arrepintió, sin saber de negocios, no pedimos que nos pagara el 50% por adelantado o firmado algún contrato, confiamos en la palabra y nos quedamos con 5 mil kilos de piñones, entonces, algo teníamos que hacer antes de que se pudrieran, así que no nos quedó otra opción más que intentar innovar.

¿Y como les fue con la innovación?

Obligados ante la desesperación de tener tantos piñones, nos quedamos con ellos, creo que habremos alcanzado a vender unos mil o mil quinientos kilos, ni siquiera salvamos lo que habíamos invertido, así que buscamos trabajar el piñón como sea, pero alcanzamos a trabajar otros mil o mil quinientos kilos, porque pelarlos es difícil y se demora, el resto lo perdimos, habremos perdido unos dos mil o tres mil kilos de piñones, se nos pudrieron, al final se lo dimos a los animales, a los chanchos, sirvió como forraje. 



Pero de ese error aprendimos a negociar y trabajar mejor el piñón, ahí comenzaron todos nuestros experimentos, en el verano se vieron los resultados, porque todo lo que habíamos desarrollado yo lo empecé a vender en ferias de distintas ciudades, sin resolución, sin permisos, sin nada.

Yo me había comprado un computador con impresora, y ahí mismo comencé a hacer nuestras primeras etiquetas, que viéndolas ahora me dan vergüenza, pero en ese tiempo era la mejor etiqueta que había hecho en mi vida, comenzamos así, rotulando una marca, mandamos a hacer un logo con un piñón, en esos tiempos nuestra marca se llamaba: “Meli Allin”, que significa la “elección de cuatro”. 



Recuerdo que participe en la primera feria de la innovación de la región, fue como en el año 2008 y en esa misma feria ganamos el premio por la el esfuerzo y la innovación. Con ese reconocimiento empezamos a crecer, nos empezaron a llegar las tarjetas de presentación, conocí a personas del Gobierno Regional, a una profesional que se llamaba Patricia Herrera que nos ayudó mucho, nos habló de un programa de turismo y me presento a unas personas del Instituto de Turismo de Pucón que estaban apoyando el desarrollo de proyectos de innovación, estaba un caballero de nombre Marcial, él fue el primero que nos visitó en Quinquén, la Patricia Herrera le dijo ellos dan para un fondo innova, yo no tenía idea de que se trataba un fondo innova, Marcel me entrego una tarjeta y me ofrecieron su ayuda para postular a fondos y desarrollar mi proyecto.

 A la semana siguiente ya había investigado todo sobre los fondos innova y me arriesgue, llame a Marcel y me designo un ejecutivo para ayudarme, viaje a Pucón, me entreviste con el ejecutivo, le conté nuestra historia y sobre nuestros productos, le lleve muestras de ellos y ahí comenzó a germinar nuestra idea.

¿Y ahora en que están? ¿Cuáles son sus nuevos proyectos?

Después diversificamos los productos de Comercial Meliñir, comenzamos con las artesanías, continuamos con los productos agroelaborados, incursionamos con los productos y servicios derivados del turismo.

Hoy desarrollamos actividades turísticas en la comunidad de Quinquén, hacemos el matetun en la ruka, que consiste en una conversación a las orillas del fogón, con mate, con sopaipillas, con comida típica mapuche y le vamos contando a los turistas sobre la historia de Quinquén, sobre la historia del pueblo mapuche, la idea es que sea el primer acercamiento a la comunidad, tú le abres las puertas de tu casa y ahí los protagonistas son los mayores, mi papá, mis tíos, ellos hablan sobre la historia de la comunidad, la lucha, las araucarias, a través de ellos se transmite la historia.

También, tenemos senderismo y las actividades propias del piñoneo, invitamos a los turistas a participar de la actividad de recolección del piñón. Además, existe un programa de restauración en donde invitamos a los turistas a plantar araucarias.

Hemos ido incorporando elementos locales, con temas de conservación y sustentabilidad, nuestra idea es innovar en el desarrollo de actividades turísticas, traer a turistas de gustos especiales, que busquen conocer y vivir en una comunidad, que quieran estar en contacto con la tierra y al mismo tiempo vivir experiencias nuevas. Nos ha ido bien, hemos tenido visitantes de distintos lados, franceses, italianos, gente local, muchos estudiantes de arquitectura, biología, estudiantes que estudian pedagogía. Además, del turismo buscamos contribuir en la educación medio ambiental y cultural, retroalimentarnos mutuamente con los turistas, ellos aprenden de nuestra cultura y nosotros de la suya.

Hay algo que me llama la atención: ¿como hacen convivir al Longko con el presidente de la comunidad?

Es que son roles distintos, lamentablemente la ley indígena no reconoce a los longkos como autoridad tradicional, al contrario, se faculta más al presidente de la directiva de la comunidad, eso es una gran falencia de la ley. Sin embargo, en nuestra comunidad ambos conviven y tienen un rol importante, la diferencia está en que el longko siempre va a ser longko, en cambio, las directivas cambian constantemente, el rol de longko se hereda por küpalme.

Para ir cerrando, ¿como fue su experiencia como miembro de la Comisión Asesora Presidencial por la Araucanía de la Presidenta Michelle Bachelet?

Mi participación en la Comisión fue bastante limitada, por mi actual trabajo en la Municipalidad de Lonquimay se me dificulta viajar tanto a Temuco, que está bien lejos, eso me impidió participar de forma más activa, también, existieron ciertas formas de trabajar que no comparto, por lo tanto, di un paso al lado y me retiré de la mesa.

 

¿Según su experiencia que propuestas serían buenas para fomentar el desarrollo económico de los pueblos indígenas?

En conjunto con otros peñi, planteamos en la Comisión Asesora Presidencial como primera medida el tema del Reconocimiento Constitucional de los Pueblos Indígenas. Después, en el tema del desarrollo económico planteamos valorar todos los tipos de desarrollo económico que tengan identidad y pertinencia local, que se fomente ese valor agregado. 

Que, cuando se construya un camping, por ejemplo, no sea uno cualquiera, sino que de alguna forma incluya la cultura como un valor agregado, ese valor agregado tiene que ver con la pertinencia, existen avances, como el fondo Fünmapu de Sercotec, pero falta más. 



La única forma de que el Estado pueda invertir mejor los recursos es que permita elegir a los mapuche, porque a veces se comete el error de inyectar recursos en ciertos lados, creyendo que de esa forma se van a solucionar los conflictos y no es así, hay cosas importantes que se tienen que saldar, pero el desarrollo también es importante.

 

Creo que existe una situación de conflictividad en donde existen muchos focos de conflicto que son distintos, que están entremezclados, el de las tierras quizás sea uno de los más antiguos, pero existen muchos más que no son atendidos.

Claro ese es otro tema. ¿Como se salda la deuda histórica? hay una deuda histórica que no se quiere reconocer, y por otro lado están las empresas grandes forestales, no se le ha dado un punto final a esto, las forestales son las que generan la mayor conflictividad en el territorio.

El asunto va más allá de la ganancia que tiene la empresa y el Estado, tiene que ver con que el Estado está recuperando parte de lo que invirtió patrocinando las plantaciones, eso ha generado mucho conflicto, yo creo que eso es bien complicado, las forestales deben comenzar a ceder, a negociar y buscar la forma de tratar que sus cosechas no sean a tala rasa, porque las cosechas a tala rasa dañan al medio ambiente, debería existir una cierta proporción de árboles que no puedan cortar, para que puedan hacer sostén de la masa, para que se mantenga lo verde, porque donde hoy uno una tala a rasa, después se seca todo, ese es otro tema a considerar.

  

¿Y sobre la autonomía cuál es su opinión?

Yo creo que cuando hablamos de autonomía, se deben empezar a discutir otros temas que tienen que ver con cómo los mapuche nos involucramos políticamente dentro del Estado, nosotros sí o sí somos políticos, los mapuche siempre han hecho política, vivimos en política, muchas veces no nos gusta reconocernos como políticos, pero lo somos, tenemos múltiples diferencias internas y ese es nuestro gran  desafío a superar.