vconuepan Diciembre 11, 2017 Sin Comentarios


Me llamo Florinda Parra Llanquitruf, soy nacida y criada en el sector Pilcunche de la comuna Vilcún. Mis padres eran Mauricio Parra, que también era mapuche y mi madre se llamaba Carmen Llanquitruf.  A los 17 años me case con José Llanquitur y tuvimos 6 hijos, cinco hijas y un hijo, la más chica tiene 19 años. Con mi esposo comenzamos a sembrar trigo, teníamos una chacra, criábamos animalitos, yo hacía mantas, de eso vivíamos.

 

 

¿Quien le enseño a tejer mantas?

Mi madre me enseño, a los 13 años hice mi primer tejido en telar mapuche, después que me case, seguí tejiendo mantas para vender, mi marido no encontraba trabajo, así que teníamos que producir para sacar plata, vendíamos el trigo, la harina, la leche de vaca, yo hacía quesos, vendíamos huevos, harina tostada, de todo, todos los días teníamos que vender, al principio no sabía negociar, cobraba barato, con el tiempo fui aprendiendo.


 

 

¿Y las mantas donde las vendía?

Antes con mi viejo íbamos al mercado o a la feria, pero a veces, no todos los días, vendía mis mantas, verduras, lo que tuviéramos. Pero es un trabajo muy sacrificado lo de las mantas.

Primero hay que lavar la lana, a veces tenía de mis propias ovejas, otras veces tenía que comprar la lana a vecinos, pero es cara, porque todas las mujeres de por aquí hacen mantas; después de lavar la lana, hay que teñirla, con tinta o con anilina, la idea era dejarla según los colores que se necesitaran, rojo, negro o blanco, pero un blanco bien blanquito, se usaba un blanqueador para la lana, y cuando no había plata para comprar tintas, porque en ese tiempo la plata era bien escasa, teníamos que partir pilas de la radio, de esas grandes y con eso teñíamos la lana, había que usar la inteligencia no más, se calentaba el agua y salía un líquido como carbón, luego se echaba la lana en la olla y se teñía muy bien.

  

¿No era tóxica?

jajaja no lo sé, nunca me había preocupado. En ese tiempo no había guantes, uno no ponía cuidado, había que hacerlo no más. Después de preparaba el hilo. Hacíamos un telar, bien hechito, bien medido y cuadrado, ahí uno tejía con el dibujo, los dibujos uno los tenía en la mente y se le daba duro al trabajo, a veces hasta altas horas de la noche.

Uno se demoraba como 4 o 5 días para hacer una manta, yo terminaba en la noche, bien en la tarde y al otro día llevaba mi manta al mercado para venderla, pero no lo volvería a hacer, cuesta mucho. Yo hacía mantas de cacique, con diseños, esas pesan harto, porque son de puro hilo. Cuesta mucho hacer una manta, hay que hacer una pila de cuestiones, hay que comprar muchos implementos que son caros y apenas pagan 70 mil pesos, es muy poco, para todo el tremendo trabajo que implica.

Antes había que hacerlo, había que vender de todo, criar chanchitos y vender verduras, había que hacerlo para criar a los hijos, pero ya están grandes y educados.

 

 

¿Y cuando comenzó a vender en el centro de Temuco?

Hace como 6 años que vendo en el centro de Temuco. Mi esposo falleció y estaba sola en la casa, mi hija Angélica me llevo, un día me dijo vamos a trabajar y no pare más. 

Mi sueño siempre había sido trabajar así, vender mis cosas, tener mi platita, pero mi viejo era machista, no le gustaba que fuera sola a vender, quería que me quedara en casa, había que pedirle permiso, ahora no, ahora somos nosotras, las mujeres, las que damos permiso jajaja, cambio la cosa, a veces iba por el día, ganaba mi dinero y llegaba con cosas para el hogar, pero ni con eso le gustaba, se ponía celoso, pensaba puras cosas en su cabecita, cosas que no eran así, yo solo quería trabajar y ganar mi platita, después quede sola y tuve que salir por obligación, fue bueno, eso me permitió salir adelante de la perdida, uno vuelve con platita, feliz de la vida.

  

¿Y como era el trato con carabineros o con los inspectores?

Una vez me toco arrancar con un coche en donde llevaba a mi nieta, estaba con mi hija Angélica vendiendo en el centro y llegaron los carabineros, nos tocó sufrir harto. Desde hace unos meses nos dejan vender, antes teníamos que estar preocupadas de los carabineros, de si venían o no, ahora estamos preocupadas solo de vender, tenemos nuestro lugar, estamos sentadas y podemos vender tranquilas.

Solo nos falta un permiso, ojalá seguir vendiendo en el centro, si nos dicen que nos vayamos para la feria, prefiero seguir arrancando, en la feria un cilantro es barato, las flores son baratas, todo es barato y no ganamos nada. En el centro las personas valoran más nuestros productos y nos pagan un precio más justo, uno quiere ganar su dinero y ahorrar, porque es solo una temporada, no es que estemos todo el año vendiendo aquí, es solo una temporada, el resto del año tenemos que sembrar y vivir de lo que ganemos aquí. 

Prefiero quedarme en la casa a ir a la feria, ahí lo tratan mal a uno, entre las personas no hay respeto, hay envidia, no me gusta eso a mí.

 

 

Cuando visite a doña Florinda, estaban algunas de sus hijas también, Carmen, una de ellas intervino:

A veces los mismos inspectores lo tratan mal a uno, los concejales y el alcalde deberían ir a ver a la gente de allá, estar un día vendiendo, que se den cuenta como es el trato, a los mapuche los tiene arrinconados, a un costado de la feria, ellos son productores, traen sus verduras de la casa, no son revendedores como los otros, son personas que vienen de lejos.

 

 

Doña Florinda agrego:

Es verdad, es gente que llega a las 5 de la mañana para poder vender sus verduras, traen poquito, porque como a las 10 de la mañana ya los están echando. Por eso a mí no me gustaría estar en la feria, aunque no gane nada, prefiero quedarme en la casa, en el centro me gusta trabajar, la gente es más amable y valora nuestro trabajo.

 

 

Lo bueno, es que ahora último las dejan vender más tranquilas.

Si es verdad, desde hace como 6 meses que ya no nos persiguen.

 

 

Es que ustedes salieron varias veces en la prensa, yo me entere de que su hija, la lamngen Yolanda era la presidenta de la asociación por el Diario Austral, no sabía que todas ustedes eran vendedoras mapuche o que las estaban persiguiendo. La mayoría de las personas cree que son todos ambulantes, que revenden y otras personas se molestan porque estaba lleno el centro y no se podía caminar.

 

 

Intervino, nuevamente la Carmen, hija de doña Florinda:

Claro, mucha gente se quejaba de eso, que no se podía caminar, pero igual es gente que no encuentra trabajo, entonces tienen que salir a trabajar en lo que pueden no más, uno entiende que el espacio puede ser un problema, pero deben trabajar, ¿sino que van a hacer? ¿de que van a vivir?

 

 

Luego intervino otra hija de doña Florinda, la lamngen Angélica.

Nosotros llevamos años trabajando, sembramos y después vamos a vender, hay gente que dice: a ustedes les dan los campos, pero tienen todo tirado, no trabajan, pero no saben todo el sacrificio que hay detrás, no saben que hay que salir a buscar tierra, hay que salir a buscar abono, nosotros hace unas semanas tuvimos que ir al sector Colonia a buscar tierra de hojas, estuvimos tres días buscando tierra, sacando carretillas y carretillas, solo con pala, todos trabajando, sudando y cargando, después, estuvimos todo el día plantando, todo el día, es un trabajo esforzado y que cuesta, pero los demás no ven eso. 

Es sólo una temporada, por eso cuando nos dicen: ustedes tienen todo tirado en el campo, da rabia, porque la gente cree que en el campo tenemos todo o que las cosas salen solas y no es así, si uno quiere papas, si uno quiere flores, si uno quiere esto o lo otro, hay que buscar las semillas, cultivar la tierra, sembrar y después cosechar, es un trabajo tremendo.

 

 

Nosotros como Fundación Chile Intercultural comenzamos este proyecto de rescate de las historias de emprendedores mapuche justamente por lo que describe usted, hay un par de personas, que son pocas, pero que tienen mucha vocería que dicen que los mapuche no trabajan, que los mapuche son flojos, pero ellos no tienen idea, no saben de todo el trabajo que deben hacer a diario muchas familias mapuche, quienes a pesar de la falta de oportunidades, a pesar de la discriminación y los conflictos históricos, se levantan todos los días a trabajar para sacar a sus hijos adelante.

 

Continuo la lamngen Angélica:

A nosotros nos miran en menos, creen que somos cochinos, nos menosprecian y nos ven como lo más bajo, pero no es así. Nosotros llegamos todos los días a bañarnos, como cualquier persona, quizás creen que no tenemos baño, algunos wingkas nos tratan como lo peor, que no sabemos nada, pero no es así.

Yo conozco a una señora amiga y recuerdo una vez que había tenido recién a mi hija y ella me regalo unos pañales, ella es bien educada y amable, andaba con una amiga bien pituca, con su pelo arreglado, con ropa elegante, un vestido caro, con perfume y todo, esa señora me trato mal, me rebajo, me humillo, yo le estaba vendiendo un paquete de poleo por lo que le cobre 500 pesos, y me dijo tanta plata, tan caro, si tú en tu campo tienes todo botado y yo me sentí mal, le respondí: como es usted señora, usted cree que solo su trabajo vale, usted me encuentra tan así, porque soy del campo y que cree que voy a hacer con sus 500 pesos, como es usted, se cree solo porque anda bien vestida, la clienta que me regalo el pañal, miraba a su amiga con vergüenza, pero no dijo nada, su amiga creo que es contadora y cobra caro, ella no valoriza el trabajo de las personas del campo, cree que tenemos todo tirado y estoy segura que nunca ha visitado el campo de un mapuche.

 

 

Eso es racismo y clasismo, y lamentablemente muchas personas de Temuco lo son. Es bien absurdo que se diga que los mapuche no trabajan, como van a vivir 200 años sin trabajar, si no tuviéramos trabajo ni cultiváramos nada, hace décadas que hubiésemos dejado de existir.

 

Doña Florinda respondió:

Yo siempre he trabajado, desde muy niña hasta ahora, a los 13 años comencé a hacer mantas, no tenía mucha fuerza porque era una niña, pero mi hermana me ayudaba, pero igual seguía trabajando, a esa edad me compre mi primer comedor, un comedor que hasta el día de hoy tengo, aquí afuera esta. 

A mis hijos les hacia la ropa, no teníamos dinero, pero siempre anduvieron bien vestidos, con bolsas de género, les hacía sabanas, pantalones, vestidos, a todos les hacía ropa, yo siempre he trabajado, he trabajado mucho.